- La 71ª edición de Seminci acoge la mesa redonda titulada ‘Ecos de lo real. El sonido en la no ficción’, en la que participan los cineastas Eva Vila, Lois Patiño, Cristóbal Fernández e Irene Bartolomé

En el marco de los encuentros que la 71ª edición de Seminci recoge bajo el título Pensar (y escuchar) el cine en Seminci, el festival ha dedicado una mesa redonda especial a la no ficción, en la que varios cineastas han conversado sobre el papel que juega el diseño de sonido en su trabajo y en el documental contemporáneo. El encuentro ha reunido distintas generaciones vinculadas al Máster en Documental de Creación de la Universitat Pompeu Fabra Barcelona School of Management (Barcelona Film Society), distinguido este año por Seminci con la Espiga de Honor Académica.
La conversación, moderada por Álvaro Arroba, ha reunido los cineastas Lois Patiño, Irene Bartolomé y Cristóbal Fernández, y a la cineasta y directora del Máster en Documental de Creación de la UPF Barcelona School of Management (Barcelona Film Society), Eva Vila, que recoge este lunes la Espiga de Honor Académica.
Esta conversación en torno a su visión sobre el uso del sonido en el cine de no ficción ha recorrido la práctica artística de cada uno de los presentes, en la que la dimensión sonora es fundamental. El cineasta Cristóbal Fernández ha comenzado hablando de las ideas preconcebidas que arrastra la no ficción en materia de sonido, que muchas veces se comprende como algo que debe ser naturalista y ligado a la imagen: «La imagen y el sonido van siempre por sitios diferentes, la idea de sincronía entre imagen y sonido en el documental es muy ingenua. Todo se registran y se monta de manera autónoma», ha declarado.
Una formación ligada al sonido
Por su parte, Irene Bartolomé, que presenta Dream of another summer en la sección Alquimias, ha recordado su etapa como estudiante del Máster y la importancia que se le da al sonido en la formación de los cineastas: «Cuando estudiaba nos hacían pensar en el sonido final antes de rodar. Me di cuenta de que así la película cambiaba por completo». Posteriormente Vila ha añadido: «Una partitura sonora no es como un libro, siempre tiene planos que se superponen. En las clases de sonido del máster decimos que crear una película va de componer, que tiene que ver mucho con la parte musical» ha compartido.
Lois Patiño, exalumno del máster y director de películas como Costa da morte (2013) o Samsara (estrenada en la 68ª edición de Seminci), ha reflejado su voluntad de crear una sensación meditativa en el espectador a través de la banda sonora: «En Samsara quería explorar la idea de lo invisible, así que se me ocurrió hacer una parte de la película que se tuviera que experimentar con los ojos cerrados» ha explicado el cineasta, recordando el proceso de diseño de sonido junto a Xabier Erkizia, en el que exploraron la concepción budista de la reencarnación a través de sonidos que tradujesen las descripciones del libro tibetano de los muertos.
Del rodaje a la sala de montaje
Los cineastas han profundizado en conjunto en las diferencias entre el cine de ficción y no ficción en materia de sonido, destacando las posibilidades de la banda sonora para construir una interpretación de la realidad. «En ficción el sonido de los ambientes se deja muy de fondo y no se trabaja. Cuando grabé las voces de la película para mí no era importante solo el contenido, sino el carácter de voz de la persona» ha explicado Bartolomé, que utilizó audios que le enviaron varias personas para construir el paisaje sonoro de Dream of another summer.




Eva Vila, que además de dirigir el máster de documental cuenta con una larga carrera en el largometraje, ha reflejado su forma de aproximarse al sonido en el rodaje: «Hay que disponer el set en función del sonido. Muchas veces colocas la cámara primero y eso afecta a la calidad de la grabación sonora» ha declarado. Por su parte, Cristóbal Fernández, que además de ser cineasta ha trabajado como montador de películas como O que arde (2019)o Sirat (2025) ha explicado las peculiaridades del montaje sonoro en la última película de Oliver Laxe: «Estuvimos tres semanas montando en paralelo la película mientras Kanding Ray nos traía propuestas sonoras. Con Oliver siempre hemos trabajado la idea de fuga, ya que el sonido nos permite entrar en las imágenes de forma distinta, en su caso en mundos espirituales» ha concluido.
Patiño ha hablado sobre la ética de utilización de la música en el documental, reflejando que gran parte de su aproximación a lo real se complementa con la musicalización: «Yo utilizo la música como elemento estructural, en Costa da morte por ejemplo, las pausas musicales entre actos me permitían arrastrar al espectador momentáneamente fuera de la realidad», ha declarado. Fernández ha añadido: «Yo antes era más dogmático, ahora me encantaría poder permitirme poder pagar 20 canciones y hacer una película pinchando como Leos Carax, es una idea de montaje que me gusta mucho».
Influencias sonoras
Todos los participantes han compartido sus influencias a la hora de trabajar el sonido en las películas, llegando a puntos en común como la importancia de utilizar el silencio: «Todos deberíamos buscar el silencio en las películas, allí donde podemos revelarle algo al espectador. Rohmer hablaba de crear espacios habitables para respirar, y la respiración es algo sonoro» ha expresado Vila. En este sentido, Patiño ha revelado su proximidad al cine de Nathaniel Dorsky y a sus ideas sobre el silencio como recurso expresivo: «Todo lo que es sustraer lleva un gran proceso de abstracción y ambigüedad, los espacios vacíos siempre separan del mundo. A la hora de montar el sonido reducir el volumen te lleva a lugares mucho más íntimos» ha confesado.

Fernández ha hablado de Jean-Luc Godard y de la evolución en su concepción artesanal del sonido en los años 80 y 90: «Él decía que quería poder montar con las manos incluso el sonido, por eso utilizaba grabadoras de 4 pistas. También Johan van der Keuken trabajó mucho con la limitación de la pista de sonido» ha compartido. En torno a la realización de su película, Bartolomé ha hablado de sus influencias ajenas al cine, que han sido fundamentales para construir el sonido de las calles de Beirut: «Allí hay una gran escena de música electrónica experimental. Después de pasar varios meses encerrados en la pandemia, los artistas decidieron hacer conciertos gratuitos en la calle a los que pude asistir» ha revelado.
Seminci ha reunido a cuatro de los grandes representantes del cine de no ficción en España, cuyas filmografías están atravesadas, tal y como ellos han reflejado, por una larga tradición histórica de documentalistas interesados en el sonido: desde José Val del Omar a Víctor Erice y José Luis Guerín, cuyo legado impregna también la retrospectiva que la 71ª edición dedica a la historia del sonido.