71 edición. Del 23 al 31 de octubre de 2026.
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23/31 oct. 2026
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Domingo 25 en Seminci: una mujer que cambia de vida en el siglo XVII, una familia que calla y unos jóvenes que miran al futuro desde Pompeya

Domingo 25 en Seminci: una mujer que cambia de vida en el siglo XVII, una familia que calla y unos jóvenes que miran al futuro desde Pompeya

Domingo 25 en Seminci: una mujer que cambia de vida en el siglo XVII, una familia que calla y unos jóvenes que miran al futuro desde Pompeya
  • Una familia que calla ante un abuso, una pareja queer en la Ucrania en guerra, una mujer que se hace pasar por hombre en el siglo XVII, una aldea gallega que se vacía y una abuela que ya no recuerda: un día para mirar de frente lo que cuesta nombrar.

La tercera jornada de la 71 Seminci tuvo acento de competición. Cuatro películas de la Sección Oficial desfilaron por las ruedas de prensa acompañadas de sus directores: la española Ione Hernández con Emma Suárez y Elena Anaya, la alemana Isabelle Stever, la francesa Marine Atlan y el austríaco Markus Schleinzer. A ellos se sumaron, en las demás secciones, la francesa Manon Coubia, el gallego Sebastián Uría, el rapero Elio Toffana con la productora Cayetana Guillén Cuervo, la directora de animación Silvia Cortés y el crítico Santos Zunzunegui, que presentó su libro sobre Robert Bresson.

Sección Oficial: silencios, guerras y mujeres que cambian de vida

Ione Hernández debutó en el largometraje con Hermanas, estreno europeo y uno de los tres títulos españoles que compiten por la Espiga de Oro, con Emma Suárez y Elena Anaya como dos hermanas cuyo vínculo se pone a prueba cuando sale a la luz un caso de abuso en la familia. La directora quería ir más allá de las hermanas: «Quería preguntarme qué es lo que impide que estos personajes reaccionen, qué es lo que sienten desde esos lazos familiares». A Suárez la eligió porque «tiene una presencia importante a lo largo de tanta historia del cine español», y en Anaya veía «una fragilidad, una vulnerabilidad extrema». La propia Suárez habló de lo difícil que fue entender el mutismo de su personaje: «Yo me preguntaba: ¿por qué tanto silencio? ¿Por qué no hablan?». La historia transcurre en 2021, antes de la ley del consentimiento, y el equipo insistió en lo difícil que es reaccionar cuando el abuso llega desde dentro de la familia: «Todos creemos que sabemos lo que hay que hacer, pero cuando estos casos se presentan en el entorno familiar no es tan fácil». La película, que ya pasó por Toronto, llega a Valladolid, dijo Hernández, «mejor que mejor».

Equipo de ‘Hermanas’, en el Teatro Calderón. © Seminci/ Photogenic

La alemana Isabelle Stever presentó el estreno español de I rarely wake up dreaming, una historia de amor entre una joven pareja queer en la Kiev de la guerra, escrita con la guionista ucraniana Anna Melikova a partir de experiencias reales de su entorno. «Queríamos construir una historia que no se aprovechase del conflicto bélico, pero que sí pudiera dar fe de lo que ocurre cuando la guerra invade tu vida», contó. Filmó con una mirada casi documental y habló con claridad de lo que defiende quien resiste: «La gente que pelea lo hace para que el resto pueda respirar, para que puedan seguir siendo queer, y para defender los valores democráticos frente a los regímenes autoritarios». Y confió en las imágenes: «Lo que se experimenta en una guerra es inexplicable, pero las imágenes pueden tener un gran poder de empatía».

La francesa Marine Atlan, directora de fotografía de largo recorrido, llegó con su ópera prima, La Gradiva, gran premio de la Semana de la Crítica de Cannes, que sigue a un grupo de adolescentes en un viaje escolar a Nápoles y Pompeya. Para encontrarlos hizo «un casting salvaje» en institutos y manifestaciones: «No quería actores expertos sino presencias, encarnaciones». La primera versión del montaje duraba cuatro horas. Quiso retratar a una juventud politizada y luminosa, aun en un momento crepuscular: «Vivimos en un momento crepuscular, amenazados constantemente por el fin del mundo. Pero en medio de todo vemos también un movimiento de revolución, un deseo de vivir y una necesidad de la juventud de proyectarse hacia el futuro».

Y Markus Schleinzer, conocido también como director de casting de títulos de Michael Haneke, presentó Rose, drama en blanco y negro inspirado en hechos reales, ambientado en la Alemania del siglo XVII y protagonizado por Sandra Hüller, sobre una mujer que se hace pasar por hombre. Contó que descubrió a otras trescientas mujeres que habían intentado escapar de las limitaciones de su sexo y que lo que las unía era siempre lo mismo: «conseguir más libertad». Sobre el blanco y negro, explicó: «Implica una reducción del contenido, de la información. Esto significa que todo se concentra más, y lo que permanece adquiere una mayor fuerza». Del papel dijo: «Escribí el papel para ella. Es, sin duda, la mejor actriz de habla alemana de la actualidad». Y de su selección como candidata al Oscar a Mejor Película Internacional, con calma: «Independientemente de si se gana un premio o no, el trabajo ya está hecho: lo más importante es el acto de hacer cine».

Isabelle Stever. © Seminci/ Photogenic
Marine Atlan. © Seminci/ Photogenic
Markus Schleinzer. © Seminci/ Photogenic

Punto de Encuentro: un refugio en los Alpes

La francesa Manon Coubia llegó con Forest High, Mención Especial de la sección Perspectives de la Berlinale, que sigue a Anna, Hélène y Suzanne, tres mujeres que se turnan como guardianas de una cabaña remota en los Alpes. Rodada durante un año en escenarios reales, la película observa el paso de las estaciones y las historias que afloran entre el silencio, la naturaleza y la llegada y partida de los huéspedes.

Coubia sabe de lo que habla: trabajó diez años en un refugio de montaña. «Quise recoger esas vivencias y convertirlas en una película, recreando la vida real y algunas de las anécdotas de los viajeros», contó. Sus personajes son mujeres que «eligen la soledad como una opción», aunque las diferencias entre ellas, aclaró, responden menos a la edad que a la clase social. Y la aparición de un soldado al final tiene su porqué: «Quería reflejar, de alguna manera, los fantasmas del pasado y mostrar también el refugio como un lugar de resistencia, vinculado a lo que ocurrió allí anteriormente».

Manon Coubia. © Seminci/ Photogenic

La recepción ha sido desigual y la directora lo cuenta con naturalidad: algunas proyecciones dejaron al público frío, aunque con el tiempo recibió mensajes de espectadores que conectaron con la película más tarde. «Me gustaría que la película conectara con el público a través de las propias señales que ofrece», afirmó, y destacó el cariño de los espectadores jóvenes, posiblemente por ser quienes más frecuentan los refugios.

Alquimias: Adiós, ríos y la despoblación de los Ancares

La desaparición de un anciano en el bosque abre Adiós, ríos, la ópera prima del gallego Sebastián Uría, ambientada en los Ancares, donde las aldeas se vacían y trabajar la tierra resulta cada vez más difícil. Con Amador Arias, el protagonista de O que arde, al frente del reparto, la película retrata a quienes todavía habitan estos territorios y resisten al abandono. El título remite al poema de Rosalía de Castro «Adiós ríos, adiós fontes», ligado a la primera gran ola de emigración gallega hacia América. «Nuestra intención era retratar el final de este proceso y actualizar el problema», explicó el director.

Uría vive allí, y se nota en el proceso: «La película es fruto de cinco años de escritura de guion y de una aproximación directa al territorio. Vivimos allí el proceso durante la preparación para comprender qué quería filmar y cómo trasladar en imágenes y sonidos la experiencia de sus habitantes». La fotografía de Ion de Sosa y el trabajo sonoro, en el que participa Amanda Villavieja, dan presencia a las voces, las casas y los sonidos del campo, que pasan del fuera de campo a ocupar poco a poco el protagonismo, mientras las ruinas y la vida salvaje aparecen como huellas de lo que queda cuando se retira la actividad humana.

Equipo de ‘Adiós, ríos’. © Seminci/ Photogenic

El director rehúye la idealización: «El humor y la retranca forman parte de la vida cotidiana y ayudan a aliviar el drama», y la solidaridad entre los pocos vecinos que permanecen se vuelve imprescindible ante la falta de recursos y las dificultades de acceso a la salud. La música acompaña el tránsito como una voz narrativa que conecta la tradición gallega con sonidos mediterráneos, sefardíes, portugueses y latinoamericanos: «Quise que ese baile final adquiriese una dimensión casi onírica».

Elio Toffana y El ladrón de la noche: «Es muy duro que la persona más importante en tu vida no pueda recordarte»

Las Proyecciones Especiales acogieron el estreno mundial de El ladrón de la noche, documental de G. Hernández sobre Elio Toffana, «el príncipe de Aluche», figura esencial del rap español, y sobre cómo la demencia de su abuela y madre adoptiva fue afectando a su vida. En el coloquio posterior, en los Cines Broadway, Toffana explicó el título sin rodeos: «El ladrón de la noche es la demencia». Contó que el proceso fue «agridulce, complejo, duro» y que, aun así, tuvo algo de victoria: «Cuando llegué a la residencia y le dije a mi abuela que iba a protagonizar una peli, me sentí muy feliz». La productora Cayetana Guillén Cuervo recordó cómo nació la idea durante la gira de Pandataria: «Yo le dije que su vida tenía que contarla en algún proyecto algún día». Toffana, con sorna, resumió el esfuerzo: «El tiempo dirá si ha merecido la pena. En lo personal, es lo más difícil que he parido en mi vida».

El equipo de ‘El ladrón de la noche’, durante la presentación de la película. © Seminci/ Photogenic

Seminci en Familia: Silvia Cortés y el mundo de Jasmine y Jambo

La directora Silvia Cortés presentó en Seminci Jasmine y Jambo, largometraje de animación que coloca la música y las emociones en el centro de la historia. Se mostró encantada con la acogida: «Estar en Seminci es un lujo. Nos hemos sentido muy bien acogidos y el público ha acogido con cariño también la película». La película, con las voces de Albert Pla y Anna Moliner, parte de la interpretación de los actores: «Aportan todo, de las voces actorales nacen los personajes», explicó, porque «la animación se adapta a la energía del actor».

Jasmine se adentra literalmente en la música y descubre Soundland, un universo donde los sonidos se convierten en imágenes. Cortés no partía de cero: «Ese ejercicio ya estaba entrenado en la serie anterior». Cada escenario tiene identidad sonora propia, porque «cada espacio tiene sus propios instrumentos», y la propuesta es una experiencia en la que «la música entra por los sonidos y la imagen».

Silvia Cortés. © Seminci/ Photogenic

El salto de la serie al cine le ha permitido explicar cómo se conocieron los protagonistas y su viaje emocional, con capas de lectura que también interesan al público adulto, manteniendo un estilo que Cortés defiende como sencillo, vanguardista y modernista. En el fondo, la película habla de amistad y de cómo afrontar la pérdida: «Uno puede empezar de nuevo y encontrar nuevos caminos». Los protagonistas comparten esa experiencia, dijo: «Ellos se reconocen en el dolor de la pérdida y en el amor por la música».

Bresson, con precisión: el libro de Santos Zunzunegui

El Teatro Zorrilla acogió la presentación de Robert Bresson. Pasión por la exactitud, del analista y crítico Santos Zunzunegui, nueva edición, revisada y publicada por Imprenta Dinámica con Caimán Cuadernos de Cine y DAMA, de los textos que el autor dio a Cátedra en 2001, ahora con más de 350 fotogramas de la filmografía del cineasta francés.

Juan Zavala, Ignacio Gutiérrez Solana, Santos Zunzunegui, Carlos F. Heredero y Mariona Viader. © Seminci/ Photogenic

Acompañaron al autor Carlos F. Heredero, director editorial de Caimán Cuadernos de Cine; Juan Zavala, de DAMA; Ignacio Gutiérrez Solana, de la ECAM, y la codirectora de Seminci, Mariona Viader. Después se proyectó Lancelot du lac (1974), dentro de la retrospectiva dedicada a la historia del sonido en el cine.

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