- Los nueve trabajos, seis de ellos estrenos mundiales, abordan también la frustración generacional, la memoria y el amor ante la pérdida desde diferentes lenguajes cinematográficos.
La Sección Oficial de Cortometrajes Españoles de la 71 Seminci reunió nueve trabajos distribuidos en dos programas, El tiempo que perdimos y Teenage Angsts, cuyas proyecciones tuvieron lugar el jueves y el viernes. Seis de las películas se presentaron como estrenos mundiales. Sus responsables participaron en encuentros con el público en los que hablaron de los temas, las decisiones creativas y los procesos de rodaje de sus obras.
Programa 1: El tiempo que perdimos
Al vespre llegeixo, de Carlota González-Adrio, sigue a un hijo que visita a su madre en un encuentro marcado por los silencios y los pequeños gestos. Tras la proyección, la directora definió el cortometraje como «una visita, un encuentro» y explicó que su propósito era «buscar el misterio a través de los personajes que tienen un vínculo muy profundo, pero que no se nota». También señaló que, aunque aparentemente no sucede nada, «algo sucede; se trata de buscar “eso” que sucede». Sobre el trabajo con los intérpretes, añadió: «Sentía que yo no tenía que conseguir nada, el guion invoca lo real y mi trabajo era prestar mucha atención, observar muy bien lo que tenía delante».
En Nota de corte, Héctor Fernández Cachón sitúa a dos estudiantes ante un examen oral de Derecho Penal con una profesora especialmente exigente, interpretada por Belén Rueda. El director explicó que la historia parte de una situación sencilla: «Alguien se presenta a un examen de Derecho Penal y se ve en la tesitura de tomar una decisión muy importante». Tras recordar que él mismo estudió Derecho y que es un ámbito poco habitual en el cine español, citó como referentes Whiplash y La clase. También destacó el trabajo de sus protagonistas: «Tuve mucha suerte tanto con María Bernardeau, que tiene una proyección brutal, como con la gran Belén Rueda. ¡Quién me iba a decir a mí que iba a trabajar con Belén Rueda!».

Noutro tempo, de Santos Díaz, retrata a un antiguo futbolista que regresa a su ciudad y comparte piso con una sobrina que prepara oposiciones. El cineasta explicó que busca narrativas capaces de ofrecer una mirada al presente: «El mundo actual en el que nos hallamos es conflictivo y agresivo. Busco narrativas que ayuden a encontrar una mirada hacia ello con la intuición y con los verdaderos valores del cine». También habló de las dificultades para sacar adelante la producción: «Conseguir dinero es lo más difícil para poder crear. Ha tenido incluso su grado de sufrimiento, pero se trabaja con lo que se puede y, con los recursos que tenía, procuré sacar las mejores posibilidades».
El nieto Manuel, de Darío Vázquez, reúne tres años de material grabado en torno al músico Manuel Navas y su abuela Mima, en una película sobre los recuerdos y su progresiva desaparición. Durante el coloquio, el director definió el cortometraje como «una historia sobre el amor y la pérdida, sobre retener, sobre intentar retener lo que sabemos que estamos perdiendo. Es poesía visual». También explicó que quiso intervenir lo menos posible en las situaciones filmadas: «La idea era tratar de hacerme invisible en el rodaje y que todo fluyera». Vázquez se mostró «muy orgulloso de esta apuesta personal y del ejercicio de confianza hacia mí y hacia mi equipo con los pocos recursos que hemos tenido».
Programa 2: Teenage Angsts
En L’enterrament de la sardina, Mariona Martínez sigue a una niña de 12 años que descubre una faceta desconocida de su padre cuando lo ve llorar por primera vez. La directora explicó que la película habla de «la pérdida, ya no solo de una persona, de un ser querido, sino también de la pérdida de una imagen y de una idea que a veces tenemos construida y, de repente, se desmonta». También reflexionó sobre las dificultades para expresar afecto dentro de la familia: «Nos cuesta mucho pedir un abrazo, un “te quiero” o pedirle a alguien que esté a tu lado». Para Martínez, la infancia es también un tiempo de descubrimiento: «Cuando eres pequeño estás descubriendo el mundo».
School Shooters: Tú me mataste primero, de Miguel Ariza, aborda a dos jóvenes que, recién terminados sus estudios, preparan una masacre durante el verano. El director explicó que le interesaba acercarse a la mitología de Columbine desde la perspectiva de los adolescentes: «Me interesaba que unos adolescentes se acercasen a esa mitología que nosotros conocemos y que, como adultos, vemos desde un aspecto extremadamente violento y fuera de toda duda moral». Jaime y Cloe, sus protagonistas, no son actores y también participan en la dirección de la película. «Todos los diálogos son improvisados», señaló Ariza, que destacó el pulso documental que aporta esa relación: «Me encanta la relación que tienen entre ellos, cómo hablan, cómo se expresan, cómo se quieren».

La Pegaso, de María Martos, acompaña a Katrina y Bruno durante una noche de excesos en Barcelona, en un retrato de la vulnerabilidad y las fracturas generacionales. La directora explicó que buscaba alejarse de una representación convencional de la noche: «La gente ni baila así ni luce así. Es todo demasiado evidente». Por eso quiso mostrar el ambiente con «su movimiento, su sudor y su desorden». Martos también destacó la fragilidad de sus protagonistas, «una fragilidad brutal, una vulnerabilidad que permite mirar a los personajes más allá de sus actos», y explicó que el rodaje se adaptó a las circunstancias: «Yo siempre he dejado que la realidad mande. No he dirigido la película, ha dirigido la realidad y yo me he adaptado a ella».
En La fábula de la punki adolescente, Juan Vicente Castillejo sitúa en la Mancha de principios de los años 2000 a Mapi, una adolescente que desafía el entorno conservador en el que vive para acudir a una fiesta clandestina de Halloween. El director explicó que la historia parte de sus propias vivencias en Barrax (Albacete) y de la voluntad de combinar dos mundos: «Es un poco mezclar lo más tradicional con lo más alternativo». También destacó el carácter universal de su relato, centrado en el paso a la edad adulta: «Es una historia universal, que es crecer, la construcción del ser y qué es lo que somos o queremos ser, incluso de dónde venimos». La película, añadió, busca que el espectador comprenda las contradicciones de su protagonista.
Por último, El desencanto, de Marta Martín, transcurre en un pueblo aislado del Pirineo oscense durante los años setenta y sigue a una niña que pasa el verano con su padre, un arquitecto encargado de trasladar una iglesia piedra a piedra. La directora contó que se inspiró en las iglesias del Serrablo: «Me enamoré de ellas, son unos lugares preciosos», y explicó que le impresionó la idea de desplazar un edificio de su entorno original: «Me parecía increíble que se arrancara la gloria de un lugar para decorar otro». Martín también se refirió al equilibrio entre lo real y lo fantástico y a la dificultad de dosificar la información: «Lo más complicado fue hasta qué punto mostrar tantas cosas, hasta qué punto ocultar y cómo hacer que todo tenga sentido sin que sea muy explícito».