- Del estreno mundial de Matar a un oso a la Espiga de Honor de Willie D. Burton: una jornada marcada por la celebración del legado de José Luis Cienfuegos trajo a Seminci propuestas cinematográficas sobre el miedo y el odio en una aldea de montaña, la solidaridad en el Sáhara y el desarraigo en dos ‘Parises’

La 71 Seminci echó a andar este viernes con el Teatro Calderón lleno, 208 películas por delante y cineastas llegados de medio mundo: el turco Emin Alper, el franco-argelino Rabah Ameur-Zaïmeche, el franco-irlandés Alexander Murphy, la belga Isabelle Tollenaere y todo el reparto de Matar a un oso. La edición se abrió con una gala que celebró el legado de José Luis Cienfuegos, director del certamen entre 2023 y 2025, y con el estreno español de My Notes on Mars, de la húngara Lili Horvát.
Horvát y Davis, o el vértigo de conocer a quien se ama
Horvát es ya una cara familiar en Valladolid. Aquí ganó la Espiga de Oro y el Premio Pilar Miró en 2020 con Preparativos para estar juntos un período de tiempo desconocido, y esta es su cuarta visita. Viene con Mackenzie Davis, a quien el público conoce de Black Mirror, Marte (The Martian) o Blade Runner 2049, en una película que arranca con una escena que cuesta olvidar: Margot, una científica, reaparece en su propio funeral sin recordar nada, ni siquiera a su marido, Sam (Rupert Friend).
De ahí partió todo, contó la directora. «La primera idea que tuve fue la de la escena en la que Margot aparece en su funeral y no reconoce a su esposo. A partir de ahí fui construyendo una historia que va, esencialmente, sobre conocer a la persona que amamos». La ciencia ficción, insistió, no llegó después como un adorno: «Estar con la misma persona durante mucho tiempo tiene, en sí mismo, algo de sobrenatural. Las dos capas se fueron desarrollando juntas». Para que esa metáfora no se enfriara, rodó en 35 mm. «Queríamos que fuese una historia cercana y emocionalmente accesible, y para ello necesitábamos una fotografía que capturase los momentos de intimidad y honestidad pura».
A Davis le tocó interpretar, en realidad, a dos mujeres. «Siempre traté a Margot como dos personajes, el que vuelve y el que ya no está. La primera está imbuida de historia y de las interacciones de su relación en el pasado, mientras que la segunda vive en el presente extremo y expresa todo sin ningún filtro». Horvát no la eligió por su currículum en el género, sino porque quería una actriz a la que admirase: «Ella tiene una apariencia casi celestial, que me recuerda a David Bowie, y esa fue una de las grandes inspiraciones del film». La actriz, por su parte, confesó que la ciencia ficción la persigue más de lo que ella la busca: «Es una coincidencia, pero los cineastas que más me interesan están explorando mucho el género, así que siempre acabo volviendo a él».
La charla terminó donde termina la película, en lo que no tiene respuesta. «Hay preguntas para las que no tienes respuesta, aspectos de la vida humana que jamás podremos acabar de conocer», dijo Horvát. Davis lo remató con una idea que se quedó flotando en la sala: «Es doloroso no llegar a conocer nunca del todo a una persona, pero también hay un placer en aceptar esa realidad y en no poseer las cosas que amamos, simplemente poder amarlas en esta zona liminal».



Desde los márgenes: Punto de Encuentro, Tiempo de Historia y Alquimias
Punto de Encuentro empezó fuerte, con dos autores de largo recorrido. El turco Emin Alper llegó con Salvación, Oso de Plata (Gran Premio del Jurado) en la última Berlinale, una película de aldea de montaña donde el miedo y el odio se tocan peligrosamente. Su origen es un suceso real de 2009, cuando doce guardias rurales irrumpieron en una boda y mataron a 44 personas. Alper reconoció que no tenía intención de hacerla: «No pensaba hacer esta película, pero en años recientes el mundo está cada vez más genocida. Muchas cosas han pasado en mi país y este evento aparece en mi memoria como un microcosmos de los peligros actuales en el mundo».
El franco-argelino Rabah Ameur-Zaïmeche presentó Route Algéricaine, una película que mezcla realismo y road movie en un viaje por el Sáhara, y que es sobre todo un retrato de la solidaridad entre dos personajes. Habló desde sus raíces: «Vengo de un pueblo que ha sufrido mucho, pero que sigue resistiendo en la inmensidad de ese desierto. Todo viene de esa pregunta por cómo encontrarnos a través del otro, de esa persona que tenemos al frente». Y no quiso irse sin un agradecimiento: «Es un orgullo presentar la película aquí en España, que ha demostrado un fuerte apoyo al pueblo palestino».
En Tiempo de Historia, el franco-irlandés Alexander Murphy contó cómo nació Tin Castle, retrato de los O’Reilly, una familia que vive en una caravana junto a una carretera rural. Todo viene de la infancia, de los viajes con su madre a Irlanda, cuando preguntaba por estas comunidades y siempre le decían que no se acercase. Cuando por fin lo hizo, encontró otra cosa: «Una comunidad que tenía miedo y que en ocasiones estaban avergonzados de su propia identidad». Rodó durante mucho tiempo para que el espectador acabase siendo parte de su intimidad.
Y en Alquimias, la belga Isabelle Tollenaere desveló el origen, casi de cuento, de Paris Paris: «Descubrí que existe una réplica de París en China donde está teniendo lugar una verdadera fiebre industrial y me pregunté qué pasaría si pudiera entrelazar ambas ciudades en una única película». El resultado mira a los márgenes de la capital francesa, a sus paisajes artificiales y a tres hombres lejos de casa que intentan empezar de nuevo.

Un oso en Valladolid
El estreno mundial de Matar a un oso, la serie de Movistar Plus+ creada por los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo, trajo a Valladolid a medio reparto: Eduard Fernández, Miki Esparbé, Pol López, Nora Navas y Àlex Monner. Se proyectaron los tres primeros capítulos de una historia basada en un caso real en el Valle de Arán, y los creadores contaron que lo primero fue ir a hablar con la gente. «Entrevistamos a muchos implicados intentando encontrar quiénes eran los personajes que mejor encarnaban esos puntos de vista», explicó Jorge. De ahí salió una estructura con un protagonista distinto en cada episodio, porque lo que querían era «que el espectador hiciera el mismo viaje que nosotros».
Eduard Fernández lo resumió en una frase: «Es una serie muy coral que se ha construido desde una gran labor de escritura». Nora Navas dijo que había personajes que pedían algo más: «Requerían de un tratamiento especial: necesitábamos un poco de comedia y algo de extrañeza». Miki Esparbé, que interpreta al guarda forestal, el personaje más cercano al animal, agradeció la generosidad de quienes vivieron los hechos: «La gran predisposición de los protagonistas de la historia real nos permitió acceder a su rol, tratando no tanto de imitar sus vidas pero sí su dinámica de trabajo durante el caso».
Queda el oso, claro. Cachou es un protagonista más, filmado con un ejemplar real y con efectos visuales, a partir de un storyboard minucioso. Alberto Sánchez-Cabezudo explicó por qué le dieron tanto peso: «Nos dimos cuenta de que en los thrillers también se cuenta la historia de las víctimas, y aquí la historia del oso tenía que tener peso».

Alfombra roja y gala: un teatro para Cienfuegos
A media tarde, la alfombra roja del Calderón se llenó de equipos de películas, miembros del jurado internacional (Grégoire Hetzel, Federico Veiroj y Elena Manrique) y rostros del cine español, entre ellos Ricardo Gómez, Claudia Traisac y Patrick Criado, de Una familia.
Dentro, la gala empezó casi a oscuras. Sobre el cartel de la edición se intuían el río, las nubes y las luces de la ciudad, y Power Boy, el personaje que Apichatpong Weerasethakul creó para la imagen del festival, cruzó el escenario envuelto en una guirnalda de luces antes de esconderse tras la pantalla. Se leyó una dedicatoria: «A José Luis Cienfuegos. In memoriam». Abraham Boba, de León Benavente, tocó al piano Joy, de Nick Cave, con las voces de Miren Iza, Elle Belga y la Escuela Coral de Voces Blancas de Valladolid. Pepa Blanes, presentadora de la noche, lo definió como «un maravilloso autor de festivales de autor».
Su antecesor, Javier Angulo, recordó cómo lo empujó a presentarse a la dirección: «Y lo hizo a su manera, presentando su propuesta el último día». Mariona Viader habló de un descubridor de cineastas: «Un festival de cine no se construye solo con películas, sino también con las personas que se encuentran y con todo lo que descubrimos juntos». Y cerró: «José Luis, esta edición también es tuya». Javier H. Estrada, que definió el día como «muy difícil», recordó lo que aprendió de él: «Nos enseñó que nunca podemos conformarnos, que siempre se puede encontrar otra manera de hacer festivales, otra manera de crear comunidad, otra manera de mostrar cine de autor, siempre en libertad». Un vídeo dejó que hablara el propio Cienfuegos: «El cine de autor no es un género: es una forma de mirar».
Luego la gala cambió de registro. Sonó el tema de À bout de souffle y una joven vestida como Jean Seberg en la escena del Herald Tribune recorrió el patio de butacas voceando «Valladolid / Seminci 71» y repartiendo el programa. Blanes bromeó con que perderse algo, entre 208 películas, es ya una enfermedad profesional de los semanistas. La Sección Oficial reúne 22 títulos, tres españoles, y la retrospectiva se dedica al sonido, con Una historia del sonido (en el cine). Los presidentes de ADICINE, Enrique Costa y Lara Pérez Camiña, anunciaron que el premio del Mercado del Cine Independiente (MERCI) llevará el nombre de Cienfuegos y reconocerá a Otilio García Govea, cofundador de los cines Golem. Costa recordó cómo nació la idea: «Deberíamos darle un premio de industria a alguien que haya hecho mucho por la distribución independiente».

La Espiga de Honor, entre risas y emoción
La primera Espiga de Honor de esta edición fue para Willie D. Burton, dos veces Oscar (Bird y Dreamgirls) y habitual de Christopher Nolan, con quien ha trabajado en Oppenheimer y La Odisea. Se la entregó Alejandro López, del equipo de La bola negra, que destacó cómo ha sabido adaptarse a los cambios tecnológicos sin perder de vista «lo más importante, que son las historias y las emociones».
Burton recogió el premio emocionado y con humor: «Ahora sí que me considero un profesional del sonido internacional». Se acordó de Sidney Poitier, que le dio su primera oportunidad, y de Nolan y su equipo, con La Odisea como «la película más difícil de mi carrera, pero también la más exitosa». Y dejó un consejo para los más jóvenes: «Hay que seguir trabajando en las cosas que nos gustan, intentarlo y nunca rendirnos».
Horvát subió luego al escenario con Davis. Recordó que Seminci fue el primer gran festival al que acudió con su ópera prima, hace once años, y que la noticia de la Espiga de Oro le llegó en plena pandemia como «un momento de esperanza en tiempos oscuros». Davis la elogió sin reservas: «Todo lo que hace es único, y es capaz de explorar aspectos tan humanos en sus historias incluso cuando cuenta con un presupuesto más ajustado».
La noche acabó como a Cienfuegos le habría gustado, entre brindis. Con On the River, de Groove Armada, parte del equipo de Seminci subió al escenario con las copas en alto, y Blanes invitó a seguir hablando de cine en Seminci Noche, en Bizarro y El Desierto Rojo, porque a él le gustaba hacerlo en los bares. Levantó la suya por «nuestro Power Boy». La última palabra fue del equipo: «A José Luis, por todo lo que imaginamos, aprendimos y disfrutamos a tu lado. Por la curiosidad, la exigencia, el humor y las ganas de seguir descubriendo».