69 edición. Del 18 al 26 de octubre de 2024.
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El ‘indie’ de The Sweet East, de Sean Price Williams, irrumpe en la Sección Oficial junto a las españolas Que nadie duerma, de Antonio Méndez Esparza, y Sobre todo de noche, de Víctor Iriarte

Malene Choi regresa con ‘The Quiet Migration’ a Punto de Encuentro, que también recibe al director alemán Lukas Nathrath y su ‘One Last Evening’

Tiempo de Historia se detiene en el fenómeno del fervor religioso con ‘Arsenie. An Amazing Afterlife’, de Alexandru Solomon, y en la búsqueda de emociones que preside ‘The Mother of All Lies’, de Asmae El Moudir

‘A Batalha da Rua Maria Antônia’, de Vera Egito, lleva a la nueva sección Alquimias la
efervescencia del Mayo del 68 brasileño

Castilla y León en Largo proyecta el homenaje a «los artistas del vino» de José Luis LópezLinares en ‘Rioja, la tierra de los mil vinos’

Es probable que Juan José Millás sea uno de los novelistas más complicados para adaptar. Requiere mucha pericia trasladar su universo, en el que realidad e imaginación se superponen en múltiples capas, a la gran pantalla, un reto del que salen airosos Antonio Méndez Esparza y Clara Roquet en Que nadie duerma, a competición en la Sección Oficial de la 68 Seminci y que han presentado esta mañana en un encuentro con los medios junto a los productores de la película, Miguel Morales y Pedro Hernández Santos, y sus protagonistas, Malena Alterio y Aitana Sánchez-Gijón.

«Teníamos que eliminar una parte de la novela y crear otra muy distinta», ha explicado Méndez Esparza, su director, sobre la transición entre libro y filme, una afirmación a la que Roquet, coguionista, se ha sumado para incidir en la dificultad de trasladar a imágenes el mundo interior de Lucía, una programadora informática que, tras ser despedida, se mete a taxista. Malena Alterio da vida a esta mujer que se refugia en sus propias ficciones en un papel que marca un punto de inflexión en su carrera y que Roquet ha descrito como una versión femenina de los protagonistas de Joker (Todd Philips, 2019) y Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976).

«A Lucía la fui construyendo a medida que hacíamos la película», ha explicado Alterio, quien ha agradecido a Méndez-Esparza el «regalo» de pensar en ella para el personaje y su forma de rodar, en la que son habituales la improvisación y el azar durante la grabación. «A la hora de crear, estamos demasiado acotados, conducidos, con ideas predeterminadas», ha planteado la actriz, una inercia que ha contrapuesto al trabajo colectivo y diario de la película, en la que el guion era casi una «guía». Palabras parecidas a las que ha pronunciado Aitana Sánchez-Gijón, que ha definido su trabajo en la película como «un juego muy feliz» y «un laboratorio» en el que, de todo lo rodado, no sabía qué iba a quedar.

Cine ‘indie’ de verdad

The Sweet East, a competición en Sección Oficial, es, como bien ha descrito Javier H. Estrada, director de programación de la Seminci en un chascarrillo, «cine indie de verdad, no del de Sundance». Todo un despliegue visual en 16 milímetros para narrar la odisea de Lillian (hipnótica Talia Ryder, dignísima sucesora de Chloë Sevigny como musa de la escena independiente norteamericana) a lo largo y ancho de los Estados Unidos contemporáneos.

«Nick Pinkerton (el guionista) y yo sentíamos que teníamos que hacer una película que nos gustase ver», ha confesado Sean Price Williams, el director del filme, durante un encuentro con los medios en el que ha detallado cómo el argumento bebe de sus experiencias juveniles. The Sweet East narra las aventuras y desventuras de Lillian, un cruce entre la Alicia de Carroll, la Dorothy de El mago de Oz (Victor Fleming, 1939) y la Justine de Sade que recorre el país en una alocada y picaresca road movie. «Sean estaba abierto a que crease mi propio personaje, me hizo sentir que era una parte importante de la película», ha sostenido Ryder, también protagonista de otro de los últimos ‘clásicos’ del cine indie, Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020).

Williams, que ha defendido el papel de los festivales y las salas de cine frente al auge de las plataformas, con quienes ha deslizado que «nunca trabajaría», ha ejercido como director de fotografía para realizadores como Abel Ferrara y los hermanos Safdie antes de su ópera prima, que llega a Valladolid tras su paso por la Quincena de Cineastas de Cannes.

Víctor Iriarte y el drama de los bebés robados

Un proyecto muy pequeño durante la pandemia que ha crecido hasta convertirse en una película. Así ha definido Víctor Iriarte, programador que ha dado el salto a la dirección, su ópera prima, Sobre todo de noche, a competición en Sección Oficial e historia sobre bebés robados escrita junto a Isa Campo y protagonizada por Ana Torrent y Lola Dueñas que salta entre géneros para ofrecer una película que rompe con todo tipo de expectativas.

«Me planteé hacer una película muy libre con herramientas que, por distintas razones, se han dejado de utilizar», ha señalado Iriarte en referencia a la estructura capitular, la voz en off o la superposición de textos con los que se estructura un filme sobre un capítulo negro de la historia de España durante la presentación de la película ante los medios. «Creo que el cine es un espacio libre que puede abordar la historia que quiera desde donde quiera», ha puntualizado el cineasta bilbaíno, que ha agradecido a Isaki Lacuesta su apoyo para sacar adelante este debut.

 «Ya no es el dolor de la pérdida por la desaparición de un hijo, sino la violencia que llega detrás, que es no hablar de ello», ha mencionado Dueñas, que se ha referido a la cinta como un «bálsamo» para las víctimas. «No era consciente de que esto siguió sucediendo durante tanto tiempo; me impactó mucho esa inmunidad», ha detallado Torrent para, después, definir a esos padres como «fantasmas a los que nadie ve, de los que nadie quiere hablar».

Malene Choi regresa a Punto de Encuentro

La sección de primeras y segundas películas, Punto de Encuentro, ha recibido hoy a la directora Malene Choi, que ganó en ese apartado con su debut, The Return, hace cinco años. Ahora vuelve con The Quiet Migration, una vuelta de tuerca más al asunto de la adopción ya tratado en su ópera prima a partir de su experiencia personal. En este caso, de la mano de un joven coreano adoptado en Dinamarca refleja «el racismo presente incluso en las familias de adopción». «Quería mostrar esa sensación de ser un alien, un bicho raro en una sociedad que te adopta», ha señalado sobre un protagonista que también físicamente es muy diferente a los chicos daneses, y no solo por los rasgos faciales.

La directora danesa de origen coreano ha recordado que Dinamarca es una «nación joven respecto a la inmigración», un fenómeno que en ese país comenzó en los años cincuenta y sesenta, y sus pobladores, por tanto, «no están acostumbrados a convivir con otras culturas». De algún modo, The Quiet Migration rompe con la imagen del «país feliz» que se tiene desde fuera, y Malene Choi se ha mostrado «encantada» de ello y de enseñar otras caras de los nórdicos.

Otro recién llegado a Punto de Encuentro, el alemán Lukas Nathrath, ha presentado One Last Evening, con la intención de hacer partícipe al espectador en la velada que vive un grupo de amigos entre una tensión creciente. La idea del filme surgió en medio de la pandemia y el rodaje se realizó ese mismo verano, en un piso y a temperaturas de hasta cuarenta grados, circunstancias que, según el director, contribuyeron a la sensación de agobio y de encierro que trasmite la historia.

A diferencia de otras películas rodadas en un solo espacio cerrado, en las que se genera «un ambiente más teatral», Nathrath ha buscado «un tono cinematográfico» con la cámara tras los pasos de los actores. Porque, a fin de cuentas, lo que ha buscado el joven realizador alemán es «que el espectador tenga la sensación de estar allí como uno más», como un participante en las dinámicas sociales en torno a la «las luchas de poder» que están detrás de One Last Evening.

Pasiones y revoluciones juveniles en plano secuencia

Película sensual, ardiente como las pasiones juveniles que retrata, A Batalha da Rua Maria Antônia se confirma como una de las grandes sorpresas de la 68 Seminci, una película de la sección Alquimias sobre la efervescencia del Mayo del 68 brasileño a través de un grupo de estudiantes que, durante unas horas, participaron en las protestas que atrapó al comité de selección con un magnífico blanco y negro granulado —para que «el público sienta que está allí, en aquel momento, tal y como se hubiese rodado entonces», según ha desgranado la propia directora, Vera Egito— y unos planos secuencia en tiempo real ejecutados con una maestría poco común.

Egito comenzó a plantear el guion en 2010 como un recordatorio del pasado que, tras la llegada al poder de Jair Bolsonaro, se convirtió en una historia sobre el presente. «Los privilegios de los estudiantes de la Mackenzie son los mismos que encuentras entre las élites del Brasil actual», ha expresado la realizadora en relación a los jóvenes de aquel centro privado, afines a la dictadura militar, que se enfrentaron a los de la Universidad de São Paulo, de carácter revolucionario.

Alexandru Solomon y Asmae El Moudir, en Tiempo de Historia

Pese a su título, Arsenie. An Amazing Afterlife, el director Alexandru Solomon no ha querido hacer una película sobre el monje ortodoxo Arsenie Boca, sino sobre el creciente «fervor religioso» no solo en su país, Rumanía, también «en el resto del mundo». Tampoco ha pretendido hacer un documental sobre la figura que ha desatado esa corriente de religiosidad, sino «una reconstrucción libre» del fenómeno, que se puede ver en la sección Tiempo de Historia.

El realizador acudió a uno de los peregrinajes que todavía suscita el místico fallecido en 1989 y se embarcó en un proceso creativo al que dedicó tres años, él solo con la cámara, pero el resultado le pareció «superficial». Entonces convocó un casting para recrear esas peregrinaciones y formó un reparto de personas interesadas en Arsenie e imbuidas de su misticismo. Refleja de este modo la búsqueda de asideros, desatada después de la pandemia, de gentes que «no confían en la democracia ni en la ciencia» y encuentran en Arsenie «una esperanza».

También en Tiempo de Historia se ha sumado a la competición The Mother of All Lies, de la directora marroquí Asmae El Moudir, con las revueltas y represión de Casablanca de 1981 como trasfondo. Este primer largometraje de la autora, que logró el premio a la mejor dirección en Una Cierta Mirada de Cannes, no ha sido concebido como una denuncia directa, ni siquiera como un trabajo que pretenda «contestar preguntas», su intención es «provocar una emoción».

Partiendo de una «mentirijilla» que le contaron cuando era pequeña, El Moudir indaga en la memoria personal, familiar y de su entorno para acabar abordando «un tema sensible» en su país. No obstante, ha matizado la autora, lo hace «de un modo artístico y desde una perspectiva personal» que, en su opinión, facilita la aceptación por parte del público en general. Frente a la dificultad de acceder a escenarios donde grabar, la directora ha echado mano de recursos creativos con figuras de arcilla, que remite además de forma metafórica a la niñez y sus juegos.

Un brindis por las gentes del vino

«Hay muchas formas de hacer vino y vinos muy distintos», y detrás de esos procesos y frutos diversos, «mucha gente extraordinaria». Son esas personas, «artistas que hacen un producto del que se sienten responsables y orgullosos», a quien José Luis López-Linares ha buscado para poner en pie Rioja, la tierra de los mil vinos, que vive su estreno absoluto en la 68 Seminci dentro del apartado Castilla y León en Largo, ya que detrás del proyecto está el productor Rodrigo Espinel. También pesa en esta película por su importancia «la tierra, el aire», tal como ha señalado el director en una entrevista para Canal Seminci.

Tras un primer trabajo en torno a los vinos de Jerez, López-Linares se ha detenido en el territorio vitivinícola de Rioja, sin pasar por alto su riqueza monumental, y no le importaría dar continuidad al proyecto por el resto de España y, por supuesto, en Ribera del Duero, según ha confesado. De momento, espera que tras ver la película el espectador salga del cine con la necesidad de «abrir una botella» y «consciente de que es un privilegiado de tener esa familiaridad con el vino, de que es parte de nuestra vida». Porque, como ha señalado, en pocos sitios está tan asentado ese rito de tomar una copa «en compañía». Como complemento a las proyecciones, esta tarde se ha presentado en el Espacio Seminci el libro Tótem sin tabú, del realizador, productor y guionista Carlos Benpar, quien, junto al presidente de la Academia de Cine, Fernando Méndez-Leite, ha desgranado los pormenores de unas memorias sobre la relación entre el cine y la vida.

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