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18 /26 octubre 2024

Ken Loach rastrea «las semillas del racismo» con ‘El Viejo Roble’ en la penúltima jornada de la 68 Seminci, que concita reflexiones sobre mundos en tránsito

«Creo que el cine es más que el negocio de Hollywood», defiende el veterano realizador, de vuelta al festival en compañía de su guionista de cabecera, Paul Laverty

‘El maestro que prometió el mar’, de Patricia Font, se suma a la Sección Oficial fuera de concurso, al igual que ‘Cristina García Rodero: La mirada oculta’, de Carlota Nelson, coincidiendo con la entrega del Premio Especial a la Creación Artística a la prestigiosa fotógrafa

Punto de Encuentro recibe las propuestas diversas de Benoît Chieux, Sofia Exarcho y Colectivo Negu, mientras que Oskar Alegría presenta en Tiempo de Historia ‘Zinzindurrunkarratz’

La 68 Seminci se acerca a la meta con distintas reflexiones sobre mundos en tránsito, un recorrido por territorios reales e imaginarios que sirve de alegoría de algunas de las cuestiones que inundan el panorama contemporáneo.

Ken Loach, cuya trayectoria ha estado ligada al festival desde Kes (1969), su segunda película, regresa a la Sección Oficial con el que, como ha sugerido, puede ser su último largo, El viejo roble, un retrato sobre «las semillas del racismo» a partir de la historia de un grupo de refugiados que llega a un pueblo en crisis ubicado en el norte de Inglaterra.

«Lo que tratamos de explicar es que, cuando una comunidad pierde la esperanza, cuando cierran los comercios, las viviendas se quedan vacías y su valor cae; cuando el conjunto de la comunidad se queda abandonada y no se ve un futuro, caen en la desesperanza», ha reflexionado el cineasta británico sobre las causas de la xenofobia y el auge de formaciones que convierten en bandera esos postulados. Loach ha precisado que su filme no constituye un «alegato político», sino «un relato que refleje el sistema para mostrar también cómo hay buena gente susceptible a este problema», una valoración en la que ha coincidido su colaborador habitual, Paul Laverty.

«Queríamos desentrañar la complejidad de lo que teníamos delante», ha precisado Laverty, guionista de cabecera de Loach desde principios de los noventa, con relación al entramado económico, político y social que da lugar al rechazo al migrante. «Esa furia es legítima, pero hay que buscar al verdadero culpable y tener la empatía de ponerse en la piel de esas personas», ha sostenido el libretista escocés, para quien la solución pasa por «el sentimiento de comunidad».

El tándem ganador de dos Palmas de Oro —por El viento que agita la cebada (2006) y Yo, Daniel Blake (2016)— ha evidenciado también su preocupación por el momento actual, con discursos escorados hacia posiciones extremas, y ha reivindicado la necesidad de consolidar una industria cinematográfica europea «robusta e independiente» frente a la «colonización» de las producciones norteamericanas. «Creo que el cine es más que el negocio de Hollywood», ha defendido Loach, un planteamiento al que se ha sumado Laverty, que ha alabado el papel de los festivales como Seminci —«faros de esperanza», según ha definido— y ha puesto Green Border, crónica del drama migratorio en la frontera entre Polonia y Bielorrusia firmada por Agnieszka Holland y también a competición en Sección Oficial, como ejemplo del «potencial enorme» del séptimo arte.

También en Sección Oficial, fuera de concurso, se ha presentado este viernes El maestro que prometió el mar, de Patricia Font, proyectada dentro de la Gala de RTVE. La película encierra un homenaje a los docentes de la II República representados en la figura de Antoni Benaiges, quien puso en práctica en la localidad burgalesa de Bañuelos de Bureba un innovador método pedagógico. Su trágica historia personal lleva a otro asunto ineludible: «los miles de desaparecidos que todavía tenemos y las fosas que no se abren. Era un tema perfecto para relacionarlo con el maestro, entrelazar las tramas me pareció algo muy interesante», ha señalado la directora.

El germen del filme está en la novela del escritor Francesc Escribano, también productor de la película «Nos conocíamos de proyectos anteriores y, al descubrir su libro, me enamoré rápidamente de la historia y ni me lo pensé. Tenía componentes muy dramáticos e interesantes, y enseguida empezamos a trabajar», ha detallado Font.

«La historia arranca en la fosa de Briviesca, en el año 2010, cuando por el empeño del grupo de memoria histórica de la localidad se abrió la fosa y no se encontró el cuerpo del maestro. Esta historia despertó ahí y desde entonces no hemos podido parar de repetirla: se han escrito libros, se han hecho obras… El empeño era también hacer una película que pudiera hacer algún bien, precisamente para ayudarnos en el proceso de sanación personal», ha asegurado Escribano. Enric Auquer, en la piel de Antoni Benaiges —en un reparto del que forman parte también Laia Costa, Luisa Gavasa y Ramón Agirre—    ha intentado plasmar en el personaje su «compromiso, idealismo, necesidad, dignidad…».

Igualmente fuera de competición en la Sección Oficial, se ha proyectado Cristina García Rodero: La mirada oculta, de Carlota Nelson, que repasa el trabajo de la fotógrafa, reconocida con Nacional de Fotografía y Medalla al Mérito en las Bellas Artes, que ha recibido el Premio Especial a la Creación Artística en la 68 Seminci.

«A mí no me gusta nada que me filmen. Lo he hecho por Carlota, porque es imposible decirle que no, es una genia. Me decía que es necesario que exista un documental sobre mi figura para que se vea cómo pienso y cómo trabajo», ha declarado la homenajeada antes de recibir el reconocimiento del festival. Por su parte, Nelson ha reflexionado sobre la libertad creativa, un aspecto que ha marcado el desarrollo del proyecto: «Ella siempre dice que le ha costado mucho esfuerzo y sacrificio trabajar con libertad creativa, lo dice de siempre, y en esta ocasión todos hemos trabajado con mucha libertad».

«Soy muy crítica con todo y creo que eso te ayuda a crecer. Cuando me veo normalmente me horrorizo. Por eso, para mí, las protagonistas son siempre mis fotografías, yo solo soy un instrumento. No tengo miedo a equivocarme porque crear consiste en eso», ha reflexionado la fotógrafa puertollanense.

Benoît Chieux, Sofia Exarcho y Colectivo Negu en Punto de Encuentro

Los niños siempre ocupados no tienen tiempo para dar rienda suelta a la fantasía. Es la lectura que se desprende de Sirocco y el reino de los vientosy la idea que ha querido trasladar el director Benoît Chieux, quien este viernes ha presentado su peculiar largometraje de animación en la sección Punto de Encuentro. A partir de dos niñas inspiradas en sus propias hijas, el realizador francés construye una historia en la que llama la atención, precisamente, sobre la necesidad de crear ambientes propicios para que los pequeños puedan «abran una puerta a la imaginación».

La intención era también «mostrar a niños y niñas completamente normales, que no tienen ningún superpoder», con la intención de situarse en las antípodas de una película de superhéroes. Sus personajes son, ha precisado, «personas normales que cambian y evolucionan para lograr sus objetivos».

Otro ingrediente fundamental, como se intuye por el título, es el viento. Y ahí estaba el principal reto de la producción, porque mostrarlo suponía «un desafío a nivel cinematográfico: poder mostrar lo invisible». La película bebe de un maestro del género, Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro), fundamentalmente en la «puesta en escena», ha admitido Chieux, y recurre a los movimientos de cámara para simular precisamente el efecto de los vientos.

Si hay un mensaje que Benoît Chieux quisiera que se llevase el espectador al ver el trabajo con el que debuta como director en solitario es «la importancia del arte y la creación», ha señalado en una entrevista para Canal Seminci. La película, que no está concebida específicamente para niños, recibió el premio del público en el Festival de Annecy.

La misma sección de Punto de Encuentro ha recibido otra propuesta bien diferente de la mano de Sofia Exarchou, que firma su segundo largometraje con Animal. En la idea inicial de esta película la palabra clave era «ánima, “alma” en latín», ha confesado la directora griega, porque las animadoras de un hotel que protagonizan la historia son el alma de esos establecimientos turísticos, las que animan el ocio de los clientes y las que les transmiten su energía. La realizadora se dio cuenta de que con solo con añadir la ‘l’ final al título todo cambiaba y el mensaje resultaba elocuente: reflejaba «la atmósfera y la violencia intrínseca que rodea ese ambiente».

Sofia Exarchou ha confesado que su intención era «mostrar el sistema capitalista que encontramos en todas partes». «La industria del turismo es potente en Grecia, pero tiene consecuencias negativas por las condiciones laborales», ha apuntado la directora. En principio iba a centrarse solo en las trabajadoras del hotel, pero terminó por reflejar también ese tipo de turismo como un rasgo más de un capitalismo que alimenta una espiral de consumo imparable.

La líder de las animadoras, Kalia (encarnada por Dimitra Vlagopoulou, ganadora del premio a la mejor interpretación en Locarno), se ve envuelta en ese «ciclo sin final», se da cuenta de que se está destruyendo en días interminables de trabajo y noches de desenfreno, pero a la vez necesita conservar el trabajo. Todo ello al ritmo de las coreografías de animación y una extensa banda sonora que reviste «gran importancia», en torno a cuarenta canciones que tenían que formar una banda sonora «creíble, contemporánea y de estilos muy diferentes».

Una tercera propuesta de este apartado la ha aportado el Colectivo Negu, formado por un grupo de amigos formados en la ESCAC, que viene de recibir una mención especial en Locarno con su Negu Hurbilak, que aborda el delicado asunto de ETA y participa en la 68 Seminci. «No sabemos trabajar de otra forma que no sea en colectivo», ha afirmado Ekain Albite. Otros dos componentes del grupo, Adrià Roca y Mikel Ibarguren, acompañados por la actriz de la cinta, Jone Laspiur, han pasado por el plató de la Seminci, donde han relatado tanto el proceso del filme ante las cámaras de Kinotico.

«Para nosotros tres, que hemos nacido en el País Vasco, el año 2011 fue un momento muy especial. Mientras recopilábamos toda la información del filme y hablábamos con la gente, sentimos que las heridas del conflicto siguen abiertas y están muy presentes, y que no nos representaban las filmografías hechas al respecto hasta el momento; es un tema muy complejo y a veces se ha espectacularizado», ha explicado Albite.

El pretexto fue representar una huida, pero en el proceso de recopilación de información se toparon con «mucho silencio y mucho miedo a hablar». El silencio tomó forma de personaje y se convirtió en el auténtico protagonista del filme. La elección de la espera, «esperar sin tener noticias de nada», se debe a la realidad que les trasladaban sus interlocutores en el proceso.

Oskar Alegría en Tiempo de Historia

«Un topónimo sonoro», tan sonoro como Zinzindurrunkarratz, titula la propuesta con la que Oskar Alegría concurre a la sección Tiempo de Historia. Con ella, rinde tributo a su tierra, a su madre, a su abuelo, a los pastores de antaño y a los burros, todo en el mismo filme.

A su tierra, porque está centrado en Navarra. A su madre, porque pasear sus paisajes le ayudó en el proceso del duelo tras su muerte. A los pastores de antaño, porque están en peligro de extinción. Su abuelo, un companaje (el que hace llegar el pan y otros alimentos a pastores que se pasan 6 meses aislados en la montaña), era uno de los 111 que pastoreaban en las montañas navarras cuando él estaba en activo. «Queda uno —ha explicado Alegría—, que cuando lo deje apagará la luz».

«Zinzindurrunkarratz» es, en realidad, un nombre compuesto de tres, que definen otros tantos sonidos. «Zinzin es el sonido de una brisa. Durrun es el sonido que hace una piedra, repetidamente, al caer en una cueva; tantos ‘durrum’, tantos metros tiene la cueva. Y karratz es el rayo que rompe siempre en una misma roca. Zinzindurrunkarratz es el nombre de un sendero en el que ocurre todo eso».

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