- La directora danesa presenta en la 71 Seminci Woman Unknown, ganadora del León de Oro en Venecia, una película sobre la condena social de las mujeres en la posguerra y los mecanismos de control que persisten en la actualidad

La memoria histórica, la construcción de los relatos colectivos y el control sobre el cuerpo femenino atraviesan Woman Unknown, la película con la que la directora y guionista danesa May el-Toukhy ha ganado el León de Oro del Festival de Venecia y que compite por la Espiga de Oro en la 71.ª Semana Internacional de Cine de Valladolid. La cineasta ha presentado hoy en Valladolid este filme ambientado en la Dinamarca de la posguerra y protagonizado por Mathilde Arcel, distinguida con la Copa Volpi en Venecia.
La película recupera la historia de las mujeres que, tras la ocupación alemana, fueron señaladas y castigadas por mantener relaciones con soldados del bando enemigo. Al investigar este periodo, el-Toukhy descubrió cómo la memoria colectiva había contribuido a construir una imagen idealizada de la resistencia danesa. «En cierto modo, reescribimos la historia para adaptarla a nuestra identidad colectiva y recuperar el respeto por nosotros mismos», afirma. Las mujeres se convirtieron así en símbolos sobre los que descargar la culpa y la vergüenza de una sociedad que también debía afrontar su propia colaboración con el enemigo o su pasividad durante la ocupación. «Debemos permitir que la complejidad forme parte de nuestras conversaciones, aunque eso haga que las cosas sean más difíciles de comprender que cuando las reducimos a una oposición entre el blanco y el negro».
El cuerpo femenino, entre la historia y el presente
La reflexión histórica de Woman Unknown conecta con formas de control que, según la cineasta, siguen presentes. «El cuerpo de las mujeres sigue siendo un campo de batalla. La violencia sexual se produce durante las guerras y en sus consecuencias, en todos los países del mundo». El-Toukhy relaciona esta violencia con una concepción del cuerpo femenino como territorio colectivo, pero también con las exigencias que condicionan la vida cotidiana de las mujeres. «La popularidad de medicamentos como Ozempic y Wegovy y el regreso de la delgadez extrema como ideal de belleza forman parte de esa misma estructura que condiciona la presencia del cuerpo femenino en el espacio público». En la película, la directora examina cómo ese control se manifiesta tanto en el ámbito social como en el doméstico, sin pretender ofrecer respuestas definitivas.
La desigualdad también condiciona la mirada cinematográfica
La experiencia de Venecia ha llevado a May el-Toukhy a reflexionar sobre la desigualdad de género en la industria. La directora recuerda que fue la única mujer que competía en solitario en la sección oficial del festival y considera que la infravaloración de las cineastas responde a un problema estructural. «Existe una tendencia a construir un relato en torno a los directores hombres como si fueran genios, mientras que no se aplica el mismo reconocimiento a las mujeres».
El-Toukhy defiende que el debate sobre la igualdad debe convivir con la atención al trabajo artístico. «También es importante hablar de las decisiones artísticas y del propio trabajo cinematográfico. Eso no significa que debamos dejar de debatir sobre la igualdad: tenemos que seguir haciéndolo hasta conseguir que hombres y mujeres disfruten de las mismas oportunidades en la industria». La cineasta también cuestiona que las historias protagonizadas por mujeres encuentren más dificultades para obtener financiación y llegar a los festivales, en parte porque, a su juicio, las espectadoras están más acostumbradas a identificarse con personajes masculinos que los hombres a ponerse en la piel de protagonistas femeninas.
Una voz propia desde el cine europeo
Tras el reconocimiento obtenido en Venecia, la directora afronta un periodo de viajes y encuentros que valora por las oportunidades que ofrece, aunque también advierte de sus dificultades económicas. «Ganar uno de los grandes premios europeos puede ser el camino más rápido hacia la bancarrota. De repente, puedes pasarte el mundo entero viajando con tu película, pero no puedes trabajar ni ganar dinero», explica.
El-Toukhy reivindica su vínculo con el cine europeo y la necesidad de preservar unas condiciones de producción sostenibles. Woman Unknown se rodó en cinco semanas y tres días, un calendario que considera difícil de mantener. Aunque no descarta trabajar en Estados Unidos, la directora se identifica con una tradición cinematográfica que le permite desarrollar su propia perspectiva: «No quiero cerrar ninguna puerta, pero creo que mi voz como directora es una voz europea».