Compartir la mirada del cine documental
Todo empieza en Barcelona, hace tres décadas, con un deseo colectivo: intuir que el cine documental puede transformar el lenguaje y la dramaturgia fílmica, contribuyendo así a una renovación en las caligrafías visuales y sonoras y en la manera de relacionar el cine con sus públicos y la sociedad.
Dicho impulso colectivo planteó desde un principio la necesidad de experimentar con nuevos dispositivos híbridos, donde se disuelven las fronteras entre lo real y su representación. Es así como los filmes que impulsamos, a lo largo de los años, han mostrado nuevas vías expresivas, que han sido adoptadas también por otros cineastas y, en no pocos casos, incorporadas como valores compartidos.
Sin duda, la ‘puesta en situación’, una forma de organizar una secuencia en que los personajes improvisan un diálogo a partir de unas leves indicaciones previas del cineasta, lo que permite crear algo distinto, entre la previsión y la sorpresa. O el uso del campo/contracampo, un elemento del cine clásico que adquiere una nueva forma emotiva cuando se traslada al cine documental. O la redefinición del papel expresivo del sonido, rompiendo con las rutinas del reportaje periodístico para crear un nuevo plano sonoro, que se ha traspasado con éxito al cine de ficción realista. O el papel esencial de la sala de montaje convertida en laboratorio de creación, donde se resuelven los laberintos que un filme documental no puede prever en el momento de su rodaje. O, de forma disruptiva y destacada: las metodologías de trabajo con los ‘no actores’ que pueden representarse a sí mismos o incluso más allá de sí mismos, proporcionando un tipo de credibilidad que ha tenido una influencia decisiva en algunos de los mejores filmes de ficción que han adoptado estas mismas estrategias.
El apelativo ‘documental de creación’ es una expresión que nos sirve para celebrar estas disidencias y recuperar para el cine de lo real este sentido de la puesta en escena diversa, que bebe de los referentes fílmicos al mismo tiempo que funda otros nuevos. Para tratar de impulsar este tipo de cine, hay que pensar en las formas de transmisión, con una renovación generacional que sea una plataforma para una nueva pluralidad, con lo cual la formación se convierte en elemento esencial. Se trata de compartir las miradas y conseguir que las películas documentales adquieran una centralidad referencial, sin diferencias jerárquicas con la ficción, con un valor propio que les permite abordar los misterios de lo real.
En una encuesta reciente, organizada por el ‘Diari ARA’ entre 200 personas expertas, para seleccionar las 25 mejores películas catalanas del siglo XXI, aparecen 9 documentales, con la particularidad de que, 3 de los 5 filmes más votados están entre ellos. Este hecho hace este reconocimiento tangible, invita al valor de la diversidad de estilos, e indica el camino para una revisión crítica e historiográfica del cine.
El acceso de las cineastas documentales
Este deseo de renovación en el cine documental se ha producido en gran parte por la consolidación encadenada de cineastas jóvenes, que acceden a sus primeras películas sin necesidad de estar avalados por un guion cerrado en el momento de acceder a las ayudas públicas. Este hecho es fruto de un sistema de formación y de transmisión intergeneracional que propicia la confianza suficiente para saber que aquel proyecto responderá a las exigencias de lo cinematográfico, aunque no se cuente con una carrera anterior que lo pueda certificar formalmente. Este detalle de apreciación ha sido fundamental en el cine documental catalán y español, y explica la aparición de filmes fundamentales, con un recorrido internacional en festivales de primer nivel y que son fruto de esta convicción de estar creando algo diferente y singular ya desde las primeras obras.
Ese movimiento de renovación y colaboración generacional ha propiciado en paralelo uno de los cambios más radicales y transformadores, el del acceso de las mujeres cineastas que trabajan en el CINE documental en los diversos campos creativos: directoras, productoras, guionistas, montadoras, directoras de fotografía o sonidistas. Este hecho, impulsado desde diversos ámbitos de la cultura, pero especialmente en las asociaciones de mujeres cineastas, ha introducido un valor distintivo. En el caso concreto del cine documental, esta reparación de una injusticia ha producido la emergencia de algunos enfoques con una gran fuerza dramática, con una mirada de género que se va imponiendo progresivamente con el paso de los años pero que empezó de forma pionera entre nosotras.
Entre todas estas aportaciones genuinas de filmes documentales realizadas por mujeres, es muy significativo cómo se ha perfilado la figura de la cineasta que indaga en algunos misterios familiares, dándole a ese uso de la primera persona una dimensión política, una capacidad de resonancia en la cual el yo se convierte muchas veces en nosotras. Esta tendencia es internacional porque responde a un modelo de investigación en el cual no se busca tanto una verdad última, sino esclarecer territorios de sombra que implican directamente a cada cineasta. Hay grandes obras maestras del documental contemporáneo que se basan en este impulso individual, que asume siempre un riesgo, y que se convierte en impulso colectivo.
Otros movimientos éticos y estéticos, que se han multiplicado con el camino hacia la igualdad de género, incluyen el interés por la alteridad y la incursión en colectivos que hasta ahora no disponen de voz propia. Como una continuación natural de esta voluntad expresiva, las asociaciones más activas en promover y asegurar la presencia de las mujeres cineastas han alertado del silencio creativo de muchas comunidades que no acceden en las mismas condiciones a poder tener una presencia audiovisual en los medios culturales. Esta desigualdad flagrante exige una acción coordinada para incorporar estas voces en forma de una cultura más inclusiva. Y ahí el cine documental juega un papel revelador, como ya se ha comprobado con las primeras películas que impulsamos colectivamente y que responden a este reto, y su reconocimiento internacional.
Impacto y sostenibilidad
Una característica que agrupa a gran parte de las películas documentales es que son obras que se convierten en espacio público, porque suelen contener y provocar muchos de los debates posibles. Los mejores documentales de creación tienen capacidad de irradiación: no se definen por el tema que tratan, sino por su capacidad de convertir la propia película en un faro que interviene en el debate social desde su aportación artística.
Esa convicción exige una nueva orientación contemporánea sobre la manera en que el cine documental dialoga con sus públicos potenciales, y de cómo esa capacidad de generar pensamiento se inscribe en el valor de cada película. Contra los modelos tradicionales que agotaban la exhibición de una película en sus funcionamientos cuantitativos, el documental contemporáneo se erige en vanguardia de una nueva forma de dar valor, donde el impacto en las comunidades y su capacidad de transformar los puntos de vista se convierten en un potencial que hay que objetivar.
Eso implica introducir en estos nuevos criterios de valor el diseño de audiencias, entendido no como una herramienta de segmentación de mercado, sino como una práctica, ética y relacional, que se entrelaza con la creación y la sostenibilidad desde el inicio del proceso. Las audiencias no son receptoras finales, sino comunidades implicadas en la lógica estética, política y narrativa del filme. Lejos de concebir el público como una categoría estática o predictiva, el diseño de audiencias se articula como una ecología de relaciones que acompaña, informa y retroalimenta el proceso creativo. De este modo, se generan espacios de escucha, presencia y transformación, donde las decisiones narrativas y de producción se ven afectadas, desde el inicio, por el mapa afectivo y cultural de los públicos a los que se quiere convocar.
En este nuevo paradigma, el pensamiento sobre la sostenibilidad no se introduce en la etapa de producción como exigencia externa o certificable, sino que habita desde el primer gesto creativo, transformando desde dentro los criterios de selección de personajes, las localizaciones, el lenguaje visual y las formas de rodaje. El plan de audiencias actúa no como herramienta de marketing, sino como plano de resonancia, desde el cual se anticipan los vínculos que el filme quiere activar. El filme no se dirige a una audiencia: se construye desde ella, en ella y con ella.
La sostenibilidad, en el caso del documental, requiere una sensibilidad ampliada: no se trata únicamente de reducir huella de carbono, sino de establecer relaciones afectivas, éticamente consistentes, con los territorios y sujetos filmados. Son nuevos objetivos que definen las transformaciones que abordamos en los sistemas de transmisión.
Jordi Balló y Eva Vila Máster en Documental de Creación UPF-BSM
LAS PELÍCULAS IMPULSADAS DESDE EL MÁSTER EN DOCUMENTAL DE CREACIÓN
Cada edición del máster impulsa tres películas documentales que cada cineasta comparte con los alumnos en diversas fases, siempre con productoras independientes. El resultado es un conjunto de obras que contribuyen a la centralidad del cine documental y a su proyección con narrativas fílmicas innovadoras.