Hay figuras populares que, después de décadas entrando en nuestras casas, parecen formar parte de la familia. Karlos Arguiñano es una de ellas. Pero pocas veces acercarse a un icono sirve para quererlo todavía más. Un tal Karlos mira más allá del pionero que transformó la cocina en televisión y encuentra a un hombre cuya curiosidad, humor y generosidad parecen intactos al paso del tiempo.
Arantxa Aguirre, nominada al Goya y directora de Dancing Beethoven, premiada en Seminci en 2016, y Ciento volando, lo saca de sus rutinas: viaja con él a Argentina junto a su hija María, recorre los paisajes del País Vasco y escucha a quienes han compartido su vida. Su mujer Luisi, sus hermanas, sus hijos y amigos como Karra Elejalde completan un retrato en el que los demás dicen tanto de Karlos como él mismo. Conversaciones, fotografías familiares, paseos y reencuentros descubren también a un hombre más reposado, que mira desde sus 78 años el trabajo, la amistad y el paso del tiempo. Aguirre acompaña de cerca esa madurez, atenta al humor y la vitalidad de alguien que hizo de la cocina un lugar divertido y convirtió esa filosofía en una manera de estar en el mundo.