González-Adrio parte de un drama familiar intimista para generar un relato de múltiples capas. La relación entre madre e hijo es una de presencias y silencios, entre las sombras del pasado y un futuro ligado a la tierra, a la naturaleza y al hogar tranquilo de una zona rural. Con un tono marcado por la belleza del espacio, subraya el legado generacional que aportan el lazo materno y las raíces familiares.