Una de las obras fundamentales de la vanguardia soviética y un hito en la historia del sonido cinematográfico, Entusiasmo. Sinfonía del Donbass llevó aún más lejos la innovadora mirada de Dziga Vertov sobre la modernidad. La película retrata el pulso de una sociedad transformada por la industrialización y el fervor revolucionario del período de entreguerras. Tras El hombre de la cámara (1929), Vertov exploró las posibilidades del nuevo sonido directo, integrando el estruendo de las fábricas, el traqueteo de los trenes, las campanas y las voces con la música de Nikolái Timoféiev. El resultado es una experiencia única, donde los ruidos de las máquinas adquieren una fuerza musical propia: una visión vibrante y contradictoria de una época que oscila entre la utopía social y las sombras del estalinismo.
Dziga Vértov
Nació en el antiguo imperio ruso (actual Polonia) en 1896 y falleció en 1954. Pionero soviético del cine documental, rechazó el cine teatral y de ficción, defendiendo que la cámara debía captar la ‘verdad de la vida’ sin actores ni escenarios artificiales. Junto a su esposa Elizaveta Svilova y su hermano Mikhail Kaufman, formó el colectivo Kinoki. En 1922 lanzó la serie de noticiarios experimentales Kino-Pravda (‘Cine-Verdad’), y en 1924 deslumbró con su largometraje ‘Cine-ojo’, al que siguieron obras como ‘La sexta parte del mundo’ (1926) o su obra manifiesto ‘El hombre de la cámara’ (1929). En la era sonora realizó ‘Enthusiasm: Symphony of the Donbas’ (1931) y ‘Lenin, el genio de la revolución’ (1934). Con el estalinismo regresó a Moscú y perdió protagonismo, pero sus planteamientos teóricos y estéticos influyeron decisivamente en el Cinéma Vérité y en generaciones posteriores de documentalistas.